Mildred: Educarse para transformar su comunidad

Mildred Caal Xoná tiene 14 años y es originaria de la aldea Saquixim de San Cristóbal Verapaz, una comunidad poqomchi’ marcada por la pobreza, el aislamiento y los efectos del cambio climático. Como hija mayor de cinco hermanos, ha crecido en un entorno campesino, donde el acceso a la educación ha sido limitado, especialmente para las mujeres. “Veo la pobreza en mi comunidad, por eso quiero ser una persona profesional”.
En 2020, las tormentas ETA e IOTA destruyeron la escuela de su comunidad, y desde entonces, las oportunidades para continuar se fueron acabando para muchos. Además, en su entorno, muchas niñas enfrentan situaciones de violencia, embarazos en la adolescencia y abandono escolar. Sin embargo, la familia de Mildred no se rindió, buscó una oportunidad y la encontró en Talita Kumi a través de su Programa de Educación Media que le abrió un camino distinto.
Ahora cursa segundo básico en el internado y ha descubierto una nueva forma de aprender y vivir. “En Talita Kumi he aprendido mucho, en distintas áreas, gracias a la ayuda de las hermanas y nuestros maestros”.
El impacto ha sido integral, porque en Talita Kumi ha aprendido a usar una computadora, a sembrar, cuidar animales de granja, tejer, cantar y compartir con otras jóvenes en un ambiente seguro, donde se respeta su dignidad y se les anima a soñar en grande. Pero lo más valioso ha sido su transformación en agente de cambio, ya que, durante sus vacaciones Mildred regresa a su comunidad y organiza actividades con niños y jóvenes. “En las vacaciones de Semana Santa reuní a los niños en la Iglesia, les hablamos sobre la vida de los santos y cómo ser personas de bien; también hicimos cantos y dinámicas. Los catequistas y niños estaban sorprendidos porque nunca habían recibido charlas de parte de muchachas jóvenes”.
En el descanso de medio año, también reunió a niños para hablar sobre la alimentación saludable y el cuidado de la salud. Su testimonio y liderazgo han empezado a inspirar a otros, “les quiero contar cuál fue mi experiencia y cómo logré mis estudios, para animarlos y ayudar a otros que son muy pobres”.
Mildred sueña con ser profesional, seguir formándose y volver a su comunidad para impulsar el desarrollo de quienes aún no tienen acceso a la educación. Su historia es prueba de que cuando se confía en el potencial de las jóvenes indígenas, el cambio no solo es posible, sino inevitable.
“Agradezco al Padre Jorge que hizo toda esta institución y a las hermanas que nos fortalecen y nos enseñan a amar a Dios y cómo seguir adelante”.